Un certificado más

Recuerdo la sensación de alivio al ver mis resultados del examen de elisa todas aquellas veces que visité el laboratorio para que la ciencia me entregara mi carné de salubridad. Necesito hacerme otra prueba nuevamente. Desde la última hace menos de un año sólo puedo recordar una imprudencia, que según docs y leyendas urbanas, en realidad no contaría como imprudencia, sino como un comportamiento razonable. Pero la paranoia puede más que mi serenidad. Veamos la rutina: caminar hasta el laboratorio, pedir el test, pagar cincuenta soles, esperar a que llamen tu nombre, ver tu sangre llenar la jeringa y de ahí hasta el otro día. Por supuesto, una vez que veo los resultados -completamente aliviado- me dan ganas de follar con medio mundo. Sin protección, con lengua, sorbiendo fluidos, con pizquitas de sangre, heridas, días fértiles. Qué bien aprendemos los seres humanos.

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