Tuesday, May 10, 2005

La maleabilidad de la carne

Una noche de lunes. En el gimnasio no hubo mayor novedad: las mismas caras, la misma gente, mi misma cara, los mismos brazos. Tenía que ir porque sentía que la barriga me crecía sin medida. S. dice que soy vanidoso, que observo mi cuerpo, que me irritaría pensar que ciertas zonas no están bien marcadas. No lo sé. Pero si sé que observo mucho mi cuerpo en el gimnasio, y que hay personas que seguramente me observan observarme pensando que tengo una lamentable fijación con el físico. No hay que exagerar mucho. No voy al gimnasio tan seguido como me gustaría (o como debería) y como, bebo y fumo de todo. Pero ayer me observaba y veía que no estaba tan mal, que quizás necesite subir un par de kilos más, que quizás los triceps merecen un trabajo más localizado. No hay una fijación con el físico, sino con las proporciones. He caído en la tentación de esculpir mi cuerpo, al igual que cuando uno lo hacía con la plastelina de niño o ahora con las palabras, o con un plato de comida, con el sexo o el amor. Moldear, esculpir, concretar una idea. Los músculos tienen esa particularidad. Son manejables. Eso no quiere decir que busque ser un modelo Calvin Klein, nada más lejos de la realidad. En el fondo, es solamente un hobby, una actividad que puedo controlar a placer.

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